domingo, 19 de octubre de 2008

El problema de siempre

Si hay algo que envidio de los hombres, es el hecho de poder orinar en cualquier lado. (¡Maldito Poison, travieso tenías que ser!).
Recuerdo que de chiquita, cuando la revista "Lazer" comenzaba a salir, había salido en la sección "No podés" un breve instructivo (extraído de alguna web page que quizás ahora ya ni exista), que enseñaba a las féminas a mear paradas, todo era cuestión de poner los dedos en la posición correcta (No quiero imaginarme cuántas faldas, panties y vedetinas fueron la mar del desastre cuándo sus portadoras se animaron a probar la técnica). Algo que para mi entender, no era ni cómodo, ni seguro, y mucho menos, femenino.

Durante el fin de semana largo, me hice una escapadita a San Bernardo a mirar el mar (porque no estaba demasiado cálida el agua, como para sumergirse en ella).
Pues bien, estaba entonces disfrutando de la tarde, mate va, mate viene cuando de repente, mi vejiga empezó a protestar.
Tras que los 2 balnearios más próximos, se encontraban a cuadra y media de dónde estaba, una vez hecho el viajecito, para mi sorpresa, todos ellos se encontraban cerrados bajo llave.
Seguí caminando para probar suerte, sin dar con ella, hasta que llegué a uno en dónde tenían un pequeño "barcito". Entré, y con carita de gato con botas, le pedí por favor al encargado, si me dejaba pasar al baño. A lo que me contesta que era solo para clientes. En mi desesperación, estaba por comprarle, un alfajor, una gaseosa, algo, cuando me percato de no tener encima la billetera, estaba a 7 cuadras...
¿Qué hacer?... ¿Putear al tipo y lo mando a la de la lora, a la de su hermana o volver por dinero para hacer "el pacto"?.
Pegué la media vuelta, rezongando para adentro, y salgo por el lado de la costanera, cuando de repente, un imponente Hotel me sugirió que podía ser mi próximo baño... Lo dudé un segundo temiendo una respuesta negativa, pero el llamado de la naturaleza fue más fuerte.
Crucé la calle, me acerqué al empleado que barría la acera, y con toda mi cara de desesperación, ya retorciéndome de dolor, le conté de mi problema. El muchacho, muy considerado, me dijo, "vos pasá y seguí por el pasillo derecho, a la derecha están los baños". Le dí las gracias y entré a paso acelerado... El problema fue, nuevamente, que el baño que me correspondía también estaba cerrado... probé con el de caballeros y ese abrió sin problemas. "Ya fué", me dije y entré.
Una vez fuera, le di nuevamente las gracias y me fui contenta, sin tener que pedir habitación, ni presentar tarjetas de crédito en el mostrador.
La próxima vez que vuelva, podría comprarle al encargado que me negó el acceso al alivio "vejigal", uno de esos conitos mágicos, que tan famosos de han hecho en Holanda, y orinarle el baño, cual macho en pedo.

¿Y no será que las chicas imitan a Poison utilizando éste dispositivo?

2 comentarios:

Fran dijo...

Ja, buen relato, casi me sentí incómodo por vos.
La foto de Poison: llegué un par de veces a esa imagen; incluso hoy (o ayer, whatever), buscando la foto del energizante de Ken. Qué cosa.
Imagino que sabés la historia del personaje; sabés que es hombre.
Yo creo que debería ser incluído en algunas de las futuras versiones de SFIV, porque tiene como mucho soporte en la comunidad Capcom, digamos.

Jorge dijo...

asi que esto es lo que pasa cuando enloqueces? quien lo hubiera dicho...